martes, 14 de noviembre de 2006


EL NIÑO Y LA ESTRELLA
(Cuento)
Para mi nieto Cibarini

Ven, siéntate a mi lado. Te contaré la historia de un niño y su estrella.

Hace algunos años, donde las constelaciones existen, había un niño, entre muchos otros, que compartían un maravilloso lugar llamado “cielo”.

Cada chiquillo poseía una estrella que sujetaba con un cordón. Eran tantas y tan bellas, que cuando flotaban en aquel infinito parecían globos suspendidos en el universo.

Cierto día, el niño miraba hacia un lejano planeta. Infantiles deseos daban vueltas en su corazón y pensaba con cierta curiosidad:

- Quisiera saber qué tan suaves son esas nubes y tocar la inmensidad que se entrelaza con espuma, arena y sal -,

- Me encantaría escuchar el sonido del viento y trepar hasta el verde de los gigantes del bosque –

- Quizás tenga un rico sabor la blancura del volcán-

- Ah, ¡si pudiera bajar!, - creo que lo que más anhelo es sentir cómo el corazón se mueve, lleno de amor y cariño –

Y así soñando, el niño tomaba el hilo de su estrella y miraba cómo flotaba en ese espacio.

Entonces el Señor del Cielo lo llamó a su presencia y con voz amorosa le dijo:

- Sé de tus deseos, así que toma a la estrella y ve a aquel lugar. ¡Cumple tu destino! -

El pequeño al escuchar sus palabras, ¡saltaba de emoción! y el Señor dijo:

- Estrella del infinito, tienes la misión de iluminar el camino de esta criatura. ¡Vayan y cumplan, con lo que hoy les asigno! -

El niño, con suma alegría tomó a la estrella, la colocó en su frente y juntos emprendieron el vuelo hacia aquel planeta llamado Tierra.

Cuán difícil les resultó, atravesar por remolinos y nubes negras, mas quien los enviaba había elegido un par de seres, que ya preparaban su llegada.

Un breve tiempo, tormentas y días de sol y el niño de la estrella bajó al esperado sitio, llenando los corazones con sonrisas de felicidad.

La estrella, con orgullo, resplandecía en su frente cubriéndolo con refulgente luz.

Mas sucedió que un día, los seres que cuidaban del niño, se vertieron intempestivamente, entró la obscuridad y hubo mucho viento. El huracán sin luna cegó sus miradas y sin proponérselo, al pequeño inocente atrapó. Entonces la ausencia se tornó incomprensible, hubo llanto y dejó de escucharse su risa de campanas.

El niño de la estrella no lograba comprender aquel extraño dolor dentro de su frágil corazón; mas la estrella, concentrando toda su intensidad, brilló y se fundió en su frente, para iluminarlo en cualquier adversidad.

Ha transcurrido el tiempo y el Señor del Cielo acaricia con dulzura sus cabellos, murmurándole entre sueños:

“Niño amado:
Las tormentas pasarán. Vencerás sobre batallas que en tu vida se presenten, pues recuerda que en la frente ciñes, la corona iluminada de tu magnífica estrella.”

FIN

(12-JUNIO-2005)
“ARBOL DE PRESENCIAS”
REGISTRO DE DERECHOS DE AUTOR: 03-2005-092313130000-14

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cara Bindi:

Grande stella a illuminato tuo vía, ché felicitá conoscere.

grazie

auracana dijo...

Me has hecho llorar!!!!!!!!!!!
Deseo desde lo inmenso y grande que pueda ser mi corazón que ese pequeño nunca pierda su estrella!.

Mua!